Por: Alberto Zúñiga Rodríguez / betursus@yahoo.com.mx
Resulta verdaderamente patético por parte de su servidor (si más de alguno cree suficiente el calificativo o se me permite) que el día de hoy reseñe una producción que se estrenó hace 4 años y que a penas en estos días está en la cartelera de nuestra capital michoacana. Pero hay cosas que nos llegan al presente de manera obtusa, sorprendente e incluso insospechada, a pesar de todos los pesares, o del letargo de los distribuidores-exhibidores que por casi dos años presumían en marquesinas los posters promocionales de este Revólver (Revolver, 2005). Es más, la sensación que invade mi imaginación sobre este hecho, es como la que vivieron los cinéfilos de mediados de los 40´s cuando recibían noticias de una batalla que se libraba en algún territorio europeo y hacía más de uno o dos meses que la propia guerra había terminado. En fin, de la manera en que haya sido, hoy podemos hablar de esta auténtica arma cinematográfica que disparó el formidable director británico Guy Ritchie, culpable de acertar otros dos verdaderos cañonazos como Snatch (2000) o la reciente en pantalla RocknRolla (2008), evidentemente también recomendables para sus ojos.
Revólver nos conduce por el insigne universo del género de gánsters y su característico ritmo trepidante de violencia, apuestas, traiciones y el modus operandi de las mafias, con dosis impresionantes de asombro, suspenso y un final ampliamente polémico (aquí, como siempre, usted tendrá la última palabra). Protagonizada por un notable Jason Statham que encarna a un enfermizo apostador llamado Jake Green, el metraje de esta historia nos hace partícipes en 105 minutos de cómo éste tendrá que enfrentarse a un líder mafioso, Dorothy Macha (un bestial Ray Liotta), y su lucha por demostrarse el uno al otro quien detenta el mayor poder y el mejor juego ganador. Como cualquier buena cinta que deambula por estos temas y género, las escenas de brutalidad también compiten entre sí por dejar al espectador con la mayor cara de asombro posible o impavidez por no dar crédito a lo que se vive frente a esa pantalla. Pero es que definitivamente, en Revólver, también juegan un papel crucial la excelente fotografía de Tim Maurice-Jones y la rimbombante música de Nathaniel Mechaly, que en su conjunción con la recurrente y muy elocuente voz en off del protagónico Jake, no lo dejarán impune en sus pensamientos post-proyección (una cualidad de los guiones y la excelente orquestación de elementos del señor Ritchie; conocido en la farándula por ser el ex de la reina del pop, Madonna). Pero déjeme decirle otra cosa de este precioso Revólver que tendrá antes sus ojos y oídos. La lectura secundaria que nos plantea la cinta, es la que se llevará a casa como mensaje, más allá de la “complicada” lucha entre gánsters que uno percibe como temática principal de este thriller. Así que esté atento a los detalles porque las conclusiones que de ahí se deriven pueden invitarnos a un verdadero viaje que trastoque la barrera de la ficción y nos invada a la esfera del análisis personal del yo.
Lo afortunado de esta cinta, es que si se la pierda en cartelera, probablemente podrá conseguirla en un videoclub (¡carajo, como no podrá serlo si ya pasaron 4 años!), o quizá en video bajo demanda en algún sistema de cable, pero por favor, no deje de sentir la adrenalina que dispara en cada escena este Revólver.
Texto publicado el domingo 22 de Marzo de 2009, en la columna quincenal de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.
Cine, comentarios, noticias, reseñas, bio-filmografías, festivales, radio (cine-escuchas), bitácora personal y todo lo que implica el mundo del negativo (preferentemente de arte o no comercial)
viernes, 20 de marzo de 2009
viernes, 6 de marzo de 2009
Apuntes y deliberes sobre el Tercer Simposio Internacional de Televisión
Por: Alberto Zúñiga Rodríguez / betursus@yahoo.com.mx
Aguascalientes, México. Notas personales para la posterioridad, mezcladas con impresiones y visiones. Interior del bellísimo Teatro Morelos, día 1 (por la mañana). Espacio lleno de alumnos y profesionales ávidos -o no tanto- de escuchar sobre el futuro de lo que muchas personas definen como la caja estúpida: la televisión. Aclaremos ahora, no cualquier televisión…sino la que se hace desde la trinchera pública, al servicio y pagada por el pueblo, en otras palabras, la que no vive del rating, sino la que provee un servicio de educación, entretenimiento y cultura, es decir, un medio de comunicación público. Imagen mental número 1. El cine jamás podrá negar la paternidad que detenta frente a la televisión, como la fotografía nunca dejaría de hacerlo frente al primero. Aunque este espacio se dedica al análisis del séptimo arte, indiscutiblemente el futuro de la producción, exhibición y distribución fílmica dependerá –como siempre lo ha hecho- de la evolución de la tecnología y hoy más que nunca de la inminente digitalización de la televisión.
Conclusiones recurrentes del primer día: Es imparable la democratización de los medios de comunicación (casos youtube, facebook, y un enorme etcétera), la reciprocidad y retroalimentación entre productor y usuario para cerrar un ciclo de comunicación y no de mero intercambio de información, así como la conjugación y conjunción de diferentes medios a través de internet (factor hipermediático); un medio electrónico que hasta ahora está presente en un porcentaje interesante de hogares mexicanos pero que implica la marginalidad de millones de personas aquí y en el mundo entero y que desde ya, genera una brecha más profunda entre quienes acceden a sus redes y quienes se mantienen enredados en problemas de supervivencia básica: la salud, el hambre, la vivienda y el empleo.
Imagen mental número 2. En unos años ver televisión en internet será algo muy común no sólo en casa, sino en y con cualquier dispositivo móvil (teléfono, cámara de foto, de video, reproductores de audio comprimido [mp3-mp4] y lo que venga) y a la hora en que el usuario lo desee. Ante esto otra pausa reflexiva: ¿Será posible que el celuloide desaparezca? Seguramente quedará en la memoria y en nuestra nostalgia; hoy la prueba más próxima son todos los esfuerzos de los exhibidores por equipar sus salas con proyectores digitales. Eso explica la nueva y siempre bien ponderada fiebre del 3D. Definitivamente la apuesta de Disney y algunas otras empresas de dibujos animados. Ejemplos sobran hoy en cartelera: Bolt (2008), Coraline y la Puerta Secreta (Coraline, 2009). En fin, ante el próximo e “inevitable” escenario lo deseable es que con estos cambios también los mecanismos financieros sean más ecuánimes entre productores –quienes arriesgan su capital y sus historias- y quienes se dedican a exhibir y distribuir. ¿El autoempleo del productor estará tentado por fungir como un exhibidor virtual? Seguramente sí. No deja de sorprendernos que un cortometraje tenga 1 millón de visitas en pocas semanas de su puesta “on-line”; mecanismos antes inimaginables.
Día 2. Mismo reciento, afuera el calor a 32 grados antes de las 14:00 horas. La agenda de la jornada toca temas como la actual crisis, los nulos presupuestos que poseen lo medios públicos, así como la amplia oferta informativa y de entretenimiento que tendrá la digitalización (un canal de televisión, por ejemplo, podrá tener 4 canales independientes entre sí, más uno extra para datos, entre muchas otras virtudes). Pero estas preocupaciones topan en un mismo muro: los contenidos. En efecto, vamos a tener más canales, los medios públicos necesitan más dinero para equipamiento, pero eso si lo miramos con lupa nos daremos cuenta que es lo menos importante. La reflexión final será la misma: ¿Qué nos van a ofrecer y cómo regular lo que hasta ahora nadie puede regular, internet? Imagen mental número 3. No logro olvidar las charlas de pasillo de algunos asistentes expertos. La COFETEL (Comisión Federal de Telecomunicaciones) desaparecerá para cuando la digitalización que tanto les preocupa y regulan, llegue. La razón –según ellos- se sostiene en la tesis de que para entonces la televisión estará en lo que técnicamente se conoce como tecnología I.P. (en términos nada técnicos esto es algo como tener una dirección de internet) y no como la disfrutamos ahora (por cable o antena aerea). El cine invariablemente irá ahí y seguirá nutriendo la televisión, pero la duda que finalmente comparto con ustedes es si algún día dejará de existir el acto colectivo de presenciar una cinta bajo la oscuridad de una sala, junto a un conjunto de personas que comparten una historia en la delicia de la penumbra. Es pregunta y cargada de mucha tristeza.
Información del Simposio:
http://www.tercersimposiointernacionaltv.com/
Texto publicado el domingo 8 de Marzo de 2009, en la columna quincenal de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.
Aguascalientes, México. Notas personales para la posterioridad, mezcladas con impresiones y visiones. Interior del bellísimo Teatro Morelos, día 1 (por la mañana). Espacio lleno de alumnos y profesionales ávidos -o no tanto- de escuchar sobre el futuro de lo que muchas personas definen como la caja estúpida: la televisión. Aclaremos ahora, no cualquier televisión…sino la que se hace desde la trinchera pública, al servicio y pagada por el pueblo, en otras palabras, la que no vive del rating, sino la que provee un servicio de educación, entretenimiento y cultura, es decir, un medio de comunicación público. Imagen mental número 1. El cine jamás podrá negar la paternidad que detenta frente a la televisión, como la fotografía nunca dejaría de hacerlo frente al primero. Aunque este espacio se dedica al análisis del séptimo arte, indiscutiblemente el futuro de la producción, exhibición y distribución fílmica dependerá –como siempre lo ha hecho- de la evolución de la tecnología y hoy más que nunca de la inminente digitalización de la televisión.
Conclusiones recurrentes del primer día: Es imparable la democratización de los medios de comunicación (casos youtube, facebook, y un enorme etcétera), la reciprocidad y retroalimentación entre productor y usuario para cerrar un ciclo de comunicación y no de mero intercambio de información, así como la conjugación y conjunción de diferentes medios a través de internet (factor hipermediático); un medio electrónico que hasta ahora está presente en un porcentaje interesante de hogares mexicanos pero que implica la marginalidad de millones de personas aquí y en el mundo entero y que desde ya, genera una brecha más profunda entre quienes acceden a sus redes y quienes se mantienen enredados en problemas de supervivencia básica: la salud, el hambre, la vivienda y el empleo.
Imagen mental número 2. En unos años ver televisión en internet será algo muy común no sólo en casa, sino en y con cualquier dispositivo móvil (teléfono, cámara de foto, de video, reproductores de audio comprimido [mp3-mp4] y lo que venga) y a la hora en que el usuario lo desee. Ante esto otra pausa reflexiva: ¿Será posible que el celuloide desaparezca? Seguramente quedará en la memoria y en nuestra nostalgia; hoy la prueba más próxima son todos los esfuerzos de los exhibidores por equipar sus salas con proyectores digitales. Eso explica la nueva y siempre bien ponderada fiebre del 3D. Definitivamente la apuesta de Disney y algunas otras empresas de dibujos animados. Ejemplos sobran hoy en cartelera: Bolt (2008), Coraline y la Puerta Secreta (Coraline, 2009). En fin, ante el próximo e “inevitable” escenario lo deseable es que con estos cambios también los mecanismos financieros sean más ecuánimes entre productores –quienes arriesgan su capital y sus historias- y quienes se dedican a exhibir y distribuir. ¿El autoempleo del productor estará tentado por fungir como un exhibidor virtual? Seguramente sí. No deja de sorprendernos que un cortometraje tenga 1 millón de visitas en pocas semanas de su puesta “on-line”; mecanismos antes inimaginables.
Día 2. Mismo reciento, afuera el calor a 32 grados antes de las 14:00 horas. La agenda de la jornada toca temas como la actual crisis, los nulos presupuestos que poseen lo medios públicos, así como la amplia oferta informativa y de entretenimiento que tendrá la digitalización (un canal de televisión, por ejemplo, podrá tener 4 canales independientes entre sí, más uno extra para datos, entre muchas otras virtudes). Pero estas preocupaciones topan en un mismo muro: los contenidos. En efecto, vamos a tener más canales, los medios públicos necesitan más dinero para equipamiento, pero eso si lo miramos con lupa nos daremos cuenta que es lo menos importante. La reflexión final será la misma: ¿Qué nos van a ofrecer y cómo regular lo que hasta ahora nadie puede regular, internet? Imagen mental número 3. No logro olvidar las charlas de pasillo de algunos asistentes expertos. La COFETEL (Comisión Federal de Telecomunicaciones) desaparecerá para cuando la digitalización que tanto les preocupa y regulan, llegue. La razón –según ellos- se sostiene en la tesis de que para entonces la televisión estará en lo que técnicamente se conoce como tecnología I.P. (en términos nada técnicos esto es algo como tener una dirección de internet) y no como la disfrutamos ahora (por cable o antena aerea). El cine invariablemente irá ahí y seguirá nutriendo la televisión, pero la duda que finalmente comparto con ustedes es si algún día dejará de existir el acto colectivo de presenciar una cinta bajo la oscuridad de una sala, junto a un conjunto de personas que comparten una historia en la delicia de la penumbra. Es pregunta y cargada de mucha tristeza.
Información del Simposio:
http://www.tercersimposiointernacionaltv.com/
Texto publicado el domingo 8 de Marzo de 2009, en la columna quincenal de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.
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lunes, 9 de febrero de 2009
Del inconveniente de haber nacido (viejo): Benjamin Button. Parte 1.
Por: Alberto Zúñiga Rodríguez / betursus@yahoo.com.mx
Hace algunos años, ya unos cuantos, cuando su servidor comenzaba a utilizar el correo electrónico, en la bandeja de entrada apareció un envío masivo titulado: “La vida según Quino…”. A pesar de no ser muy afecto a leer “cadenas” cibernéticas (normalmente insoportables), el descubrir en el asunto de este mensaje el nombre del carismático e inolvidable creador de Mafalda me saltó a la vista de inmediato y me llamó mucho la atención… aunado a que un gran amigo, que no suele reenviar mensajes de este tipo, había sido el encargado de mandar este forward. El texto comenzaba con algo como: … Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez. Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí…
Y así sigue el relato, con una retrospectiva de la vida de cualquier mortal, que desde esta mirada culminaría en la plenitud de un orgasmo. Hoy en día no sé –ni me interesa investigar- si realmente el caricaturista argentino (Joaquín Salvador Lavado) fue el autor de este texto tan célebre en su planteamiento, pero sí me pareció pertinente iniciar la columna de esta quincena con esa idea para hacer referencia a una increíble –en todo sentido- cinta que desde algunas semanas vi y me sigue dando vueltas por las distintas cortezas cerebrales (y que además, prometí hablar de ella en la edición pasada). En efecto, se trata de la multi-nominada El Caso Curioso de Benjamin Button, dirigida por nada más y nada menos que, David Fincher, el mismo cerebro maquinador de Alien 3 (1992) o la incomparable El Club de la Pelea (1999); magistralmente escrita también por otro célebre artista: Eric Roth, creador de guiones como Munich en 2005, El Buen Pastor (2006) y su Blockbuster fundamental: Forrrest Gump (1994) de la cual haremos alusión más adelante.
Si a este mezcla, le sumamos el talento de Cate Blanchett y un intermitente Brad Pitt, la película promete ser eufórica. Y es que no es para menos, el universo que plantea es exquisito por sí mismo: un niño, Benjamin Button, ha nacido con el diminuto cuerpo de un hombre de 80 años en un día muy particular (el fin de la Primera Guerra Mundial). Lo peculiar de esta “criatura”, a quien por cierto abandonan a la puerta de un asilo de ancianos, es que su vida comienza con un viaje hacia la desaparición –como todos lo tendremos- pero al modo que “Quino” propone.
Sí más de algún lector en este momento piensa que le he contado la película, me parece no he hecho más que platicar cuál es el asunto de la misma, porque esta mega producción por sí misma constituye un verdadero viaje en toda la extensión de la palabra. De hecho, hasta este momento sigo sin saber por donde empezar o qué parte sería la idónea para reseñar una producción tan bien confeccionada como esta: La música es seductora en todo momento, la fotografía insuperable con tonalidades que llenan cada fotograma y sutilmente lo dibujan desde una plástica que nos envuelve en nostalgia absoluta, la felicidad irreverente o el frenesí de las circunstancias por donde transitan sus protagonistas… y qué decir de su estructura narrativa que viaja entre acciones paralelas, saltos permanentes en el tiempo y múltiples narradores que conducen la historia desde perspectivas muy distintas y subtexto que sobrevuela todo el tiempo en nuestro inconciente: la vida jamás se detiene.
En El Caso Curioso… encontramos pues, un desarrollo fílmico armónico y extraordinario, que si bien es extenso –el metraje dura algo así como 166 minutos- no deja de ser un deleite en cada escena, que no está de más, ni de menos en un guión francamente redondo, o nunca mejor dicho, muy bien argumentado. Fiel a su naturaleza verosímil que lo envuelve y a la cual le es devoto en todo momento. Las comparaciones con la ilustre obra precedente de Roth son inevitables, pero es que tanto Forrest como Benjamin son personajes muy bien labrados por la senda de la narración audiovisual, con vidas propias y características que los hacen pasar a la posteridad como personajes emblemáticos.
Texto publicado el domingo 8 de Febrero de 2009, en la columna quincenal de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.
Hace algunos años, ya unos cuantos, cuando su servidor comenzaba a utilizar el correo electrónico, en la bandeja de entrada apareció un envío masivo titulado: “La vida según Quino…”. A pesar de no ser muy afecto a leer “cadenas” cibernéticas (normalmente insoportables), el descubrir en el asunto de este mensaje el nombre del carismático e inolvidable creador de Mafalda me saltó a la vista de inmediato y me llamó mucho la atención… aunado a que un gran amigo, que no suele reenviar mensajes de este tipo, había sido el encargado de mandar este forward. El texto comenzaba con algo como: … Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez. Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí…
Y así sigue el relato, con una retrospectiva de la vida de cualquier mortal, que desde esta mirada culminaría en la plenitud de un orgasmo. Hoy en día no sé –ni me interesa investigar- si realmente el caricaturista argentino (Joaquín Salvador Lavado) fue el autor de este texto tan célebre en su planteamiento, pero sí me pareció pertinente iniciar la columna de esta quincena con esa idea para hacer referencia a una increíble –en todo sentido- cinta que desde algunas semanas vi y me sigue dando vueltas por las distintas cortezas cerebrales (y que además, prometí hablar de ella en la edición pasada). En efecto, se trata de la multi-nominada El Caso Curioso de Benjamin Button, dirigida por nada más y nada menos que, David Fincher, el mismo cerebro maquinador de Alien 3 (1992) o la incomparable El Club de la Pelea (1999); magistralmente escrita también por otro célebre artista: Eric Roth, creador de guiones como Munich en 2005, El Buen Pastor (2006) y su Blockbuster fundamental: Forrrest Gump (1994) de la cual haremos alusión más adelante.
Si a este mezcla, le sumamos el talento de Cate Blanchett y un intermitente Brad Pitt, la película promete ser eufórica. Y es que no es para menos, el universo que plantea es exquisito por sí mismo: un niño, Benjamin Button, ha nacido con el diminuto cuerpo de un hombre de 80 años en un día muy particular (el fin de la Primera Guerra Mundial). Lo peculiar de esta “criatura”, a quien por cierto abandonan a la puerta de un asilo de ancianos, es que su vida comienza con un viaje hacia la desaparición –como todos lo tendremos- pero al modo que “Quino” propone.
Sí más de algún lector en este momento piensa que le he contado la película, me parece no he hecho más que platicar cuál es el asunto de la misma, porque esta mega producción por sí misma constituye un verdadero viaje en toda la extensión de la palabra. De hecho, hasta este momento sigo sin saber por donde empezar o qué parte sería la idónea para reseñar una producción tan bien confeccionada como esta: La música es seductora en todo momento, la fotografía insuperable con tonalidades que llenan cada fotograma y sutilmente lo dibujan desde una plástica que nos envuelve en nostalgia absoluta, la felicidad irreverente o el frenesí de las circunstancias por donde transitan sus protagonistas… y qué decir de su estructura narrativa que viaja entre acciones paralelas, saltos permanentes en el tiempo y múltiples narradores que conducen la historia desde perspectivas muy distintas y subtexto que sobrevuela todo el tiempo en nuestro inconciente: la vida jamás se detiene.
En El Caso Curioso… encontramos pues, un desarrollo fílmico armónico y extraordinario, que si bien es extenso –el metraje dura algo así como 166 minutos- no deja de ser un deleite en cada escena, que no está de más, ni de menos en un guión francamente redondo, o nunca mejor dicho, muy bien argumentado. Fiel a su naturaleza verosímil que lo envuelve y a la cual le es devoto en todo momento. Las comparaciones con la ilustre obra precedente de Roth son inevitables, pero es que tanto Forrest como Benjamin son personajes muy bien labrados por la senda de la narración audiovisual, con vidas propias y características que los hacen pasar a la posteridad como personajes emblemáticos.
Texto publicado el domingo 8 de Febrero de 2009, en la columna quincenal de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.
lunes, 19 de enero de 2009
2009: Re-volver a la cinefilia.
Por: Alberto Zúñiga Rodríguez.
Después de un largo periodo de ausencia, hemos decidido reiniciar (o mejor dicho, retomar) esta columna literario-cinematográfica en el contexto de un 2009 que estará marcado en nuestra historia contemporánea por una etapa llena de contrastes, altibajos económicos en lo mundial-macroeconómico, lo político, lo social y por supuesto, en lo que atañe al séptimo arte y toda la cultura que subyace de él. Un año en el cual será difícil no hablar de crisis en cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana, de falta de presupuesto para el desarrollo del cine nacional (y su incipiente o nula industria), de nuestras ya clásicas anécdotas de vivir el cine como un hecho social, la revisión de literatura cinematográfica rescatable y de todos aquellos quienes plano a plano construyen la historia de una disciplina que lucha por seguir contando historias, a pesar, de todos los pesares. Bienvenido pues el 09, su acontecer y todos ustedes que le dan vida a estas letras, que desde nuestra butaca trataremos de mantener con temas de su agrado, desagrado, polémica y por qué no, curiosidad vehemente.
Recordemos que los primeros meses del año, se construyen como un suculento manjar de festivales, estrenos y noticias que no dejan de sorprendernos a quienes vivimos lo cinematográfico como un goce, una forma de vida y/o quehacer profesional. Y para el arranque de este bocado fílmico, revisitemos algunas particularidades de la 66ª entrega de los Globos de Oro que ya ha perfilado lo que será la línea de lo que nos espera en cartelera en las próximas semanas (no olvidemos su gran influencia en la entrega de las estatuillas tan codiciadas para lo hollywoodense en meses venideros). Antes de señalar las producciones que merecen nuestra atención y que recomendaremos el día de hoy, vale la pena señalar que los Golden Globes este año no han podido recuperarse –una vez más- en sus niveles de audiencia a los que estaban acostumbrados sus respectivos patrocinadores. Qué pena para quien tenga que sufrirla. ¿La causa? La huelga del año pasado que sostuvieron los guionistas del gremio sindical norteamericano. ¿Será? No obstante a ello, y que de poco nos vale como cinéfilos, como también lo son los miles de dólares que cuestan los vestidos de las estrellitas que –creen que- levitan sobre su alfombra roja, resulta más interesante señalar que el jurado de este evento lo constituye la prensa internacional y no los miembros –judíos en su mayoría- de una Academia, como pasa con el compadre Oscar.
Amagados por la lista de detalles de este festival y entrados en el camino de recomendaciones que de él se derivan, la gran triunfadora, Slumdog Millionaire, del británico Danny Boyle (Trainspotting 1996, La Playa 2003, Sunshine 2007, entre otras) resultaría la encomienda obvia o preferida para usted amable lector, sin embargo, por muchas razones –que ya dedicaremos en la siguiente edición de esta columna- alentamos a ver como primera opción la inusitada y excelente cinta: El curioso caso de Benjamin Button, del enigmático director David Fincher (Seven, 1995, El Club de la Pelea, 1999, Zodiac, 2007) , que por cierto, no ganó un solo premio y ya puede ver en cartelera. Ojo, no queremos decir que Slumdog… no valga la pena, de hecho, es una gran película y muy recomendable pero insertarse en el universo que plantea El curioso… es simplemente un deleite en extremo.
Como mejor película extranjera, el galardón ya se veía venir por el estruendoso ruido que causó Waltz with Bashir y que resulta tan ad-hoc a los desafortunados y condenables conflictos que se suscitaron en la franja de Gaza. Si tiene oportunidad, no se la pierda. Vaya reflexión la que plantea. Como también no debe perderse en su lista de películas por degustar este 2009, Vicky Cristina Barcelona del neoyorkino septuagenario Woody Allen, quien resultara triunfador en el rubro más polémico de este certamen: Comedia o Musical. ¿Acaso toda comedia implica un musical? Qué patético.
Pero dejemos hasta aquí la recomendación de los globos y cerremos esta columna aplaudiendo de pie el esfuerzo de Corazón del Tiempo, la cual se encuentra compitiendo en la selección oficial del 25° festival de cine “independiente” Sundance. Primera obra de ficción realizada en y desde las entrañas de una comunidad zapatista, dirigida por Alberto Cortés y co-escrita por el periodista Hermann Bellinghausen. Enhorabuena y que vengan más cintas desde el interior de nuestros pueblos.
Texto publicado el domingo 25 de Enero de 2009, en la columna quincenal de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.
Después de un largo periodo de ausencia, hemos decidido reiniciar (o mejor dicho, retomar) esta columna literario-cinematográfica en el contexto de un 2009 que estará marcado en nuestra historia contemporánea por una etapa llena de contrastes, altibajos económicos en lo mundial-macroeconómico, lo político, lo social y por supuesto, en lo que atañe al séptimo arte y toda la cultura que subyace de él. Un año en el cual será difícil no hablar de crisis en cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana, de falta de presupuesto para el desarrollo del cine nacional (y su incipiente o nula industria), de nuestras ya clásicas anécdotas de vivir el cine como un hecho social, la revisión de literatura cinematográfica rescatable y de todos aquellos quienes plano a plano construyen la historia de una disciplina que lucha por seguir contando historias, a pesar, de todos los pesares. Bienvenido pues el 09, su acontecer y todos ustedes que le dan vida a estas letras, que desde nuestra butaca trataremos de mantener con temas de su agrado, desagrado, polémica y por qué no, curiosidad vehemente.
Recordemos que los primeros meses del año, se construyen como un suculento manjar de festivales, estrenos y noticias que no dejan de sorprendernos a quienes vivimos lo cinematográfico como un goce, una forma de vida y/o quehacer profesional. Y para el arranque de este bocado fílmico, revisitemos algunas particularidades de la 66ª entrega de los Globos de Oro que ya ha perfilado lo que será la línea de lo que nos espera en cartelera en las próximas semanas (no olvidemos su gran influencia en la entrega de las estatuillas tan codiciadas para lo hollywoodense en meses venideros). Antes de señalar las producciones que merecen nuestra atención y que recomendaremos el día de hoy, vale la pena señalar que los Golden Globes este año no han podido recuperarse –una vez más- en sus niveles de audiencia a los que estaban acostumbrados sus respectivos patrocinadores. Qué pena para quien tenga que sufrirla. ¿La causa? La huelga del año pasado que sostuvieron los guionistas del gremio sindical norteamericano. ¿Será? No obstante a ello, y que de poco nos vale como cinéfilos, como también lo son los miles de dólares que cuestan los vestidos de las estrellitas que –creen que- levitan sobre su alfombra roja, resulta más interesante señalar que el jurado de este evento lo constituye la prensa internacional y no los miembros –judíos en su mayoría- de una Academia, como pasa con el compadre Oscar.
Amagados por la lista de detalles de este festival y entrados en el camino de recomendaciones que de él se derivan, la gran triunfadora, Slumdog Millionaire, del británico Danny Boyle (Trainspotting 1996, La Playa 2003, Sunshine 2007, entre otras) resultaría la encomienda obvia o preferida para usted amable lector, sin embargo, por muchas razones –que ya dedicaremos en la siguiente edición de esta columna- alentamos a ver como primera opción la inusitada y excelente cinta: El curioso caso de Benjamin Button, del enigmático director David Fincher (Seven, 1995, El Club de la Pelea, 1999, Zodiac, 2007) , que por cierto, no ganó un solo premio y ya puede ver en cartelera. Ojo, no queremos decir que Slumdog… no valga la pena, de hecho, es una gran película y muy recomendable pero insertarse en el universo que plantea El curioso… es simplemente un deleite en extremo.
Como mejor película extranjera, el galardón ya se veía venir por el estruendoso ruido que causó Waltz with Bashir y que resulta tan ad-hoc a los desafortunados y condenables conflictos que se suscitaron en la franja de Gaza. Si tiene oportunidad, no se la pierda. Vaya reflexión la que plantea. Como también no debe perderse en su lista de películas por degustar este 2009, Vicky Cristina Barcelona del neoyorkino septuagenario Woody Allen, quien resultara triunfador en el rubro más polémico de este certamen: Comedia o Musical. ¿Acaso toda comedia implica un musical? Qué patético.
Pero dejemos hasta aquí la recomendación de los globos y cerremos esta columna aplaudiendo de pie el esfuerzo de Corazón del Tiempo, la cual se encuentra compitiendo en la selección oficial del 25° festival de cine “independiente” Sundance. Primera obra de ficción realizada en y desde las entrañas de una comunidad zapatista, dirigida por Alberto Cortés y co-escrita por el periodista Hermann Bellinghausen. Enhorabuena y que vengan más cintas desde el interior de nuestros pueblos.
(Fotograma de la Cinta: Corazón del Tiempo. Fuente: La Jornada On Line)
Texto publicado el domingo 25 de Enero de 2009, en la columna quincenal de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.
domingo, 28 de septiembre de 2008
Simposio del SMRTV.

Atenta invitación al Simposio "Los Medios Públicos en la era de la Digitalización". Este evento se realizará en el marco del 24 Aniversario del Sistema Michoacano de Radio y Televisión.
Día: Próximo Viernes 3 de Octubre de 2008.
Lugar: Centro Cultural Clavijero.
Morelia, Michoacán, México.
ENTRADA GRATUITA.
Invitados de primer nivel con reconocimiento nacional e internacional reflexionarán sobre el quehacer de los medios públicos, sus terribles diferencias con los medios comerciales, el marco legal que los limita en su actuar y el inminente proceso de digitalización que tienen que afrontar.
¡Apoyemos los medios públicos!
¿Porno y ropa Diesel?
http://view.break.com/577249 - Watch more free videos
La creatividad es infinitamente proporcional para develar de forma inteligente (o incluso graciosa) lo que muchos se empeñan por ocultar o incluso tachar de inmoral o calificar de forma absurda y estúpida. ¿Ustedes qué opinan? Saludos. Prometo volver pronto con los martes de posteo. Gracias por la paciencia. Betursus.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
Los menesteres de escribir historias: Gerardo de la Torre.
Por: Alberto Zúñiga Rodríguez / betursus@yahoo.com.mx
Imaginen esta escena ocurrida hace un par de semanas. Ocho y medio (Otto e mezzo, 1963) de Fellini en una pequeña tele que observan veinte asistentes a un taller de guión cinematográfico en una casa antigua del centro literario de Aguascalientes. Atentos escuchan la añeja voz de un admirable escritor mexicano que narra la cinta con argumentos que explican la naturaleza del hecho cinematográfico, la concepción estética-política de este director italiano y algunas reflexiones nostálgicas del México de ese entonces, el de principios de los sesentas (1) . Este narrador es oriundo de Oaxaca, con setenta años de letras que lleva acuestas en su rostro moreno de ojos grandes y pelo blanco, el mismo que devela su experiencia literaria y sus noches de parranda con sus camaradas Vicente Leñero, Pedro Armendáriz Jr, su gran amigo Felipe Cazals o su entrañable profesor, el gran Juan José Arreola. A él es a quien dedicamos esta columna, a este personaje que ha vivido entre tinta, cantinas de la Ciudad de México, cine y el oficio de contar historias: Gerardo de la Torre. Lo que pasó en esa sala fue fascinante pero es lo que menos importa contar por ahora.
Hijo de padre petrolero e incluso él mismo obrero de este sector energético en su juventud (factor que lo marcó en cuanto su obra literaria se refiere), este escritor reafirma que el verdadero guionista de cine (o cualquier artista que se precie de serlo) es un ente que viaja constantemente bajo la preocupación de plasmar en su trabajo una reflexión sobre nuestra condición humana y su problemática social de su entorno, sea universal o inmediato, e incluso independiente del género y el tono que utilice en su relato.
Gerardo de la Torre es un verdadero personaje por sí mismo, uno que se recrea y reinventa en cada gesto o frase que lo patenta como alguien admirable y fiel a sus principios y convicciones de auténtica izquierda (no arribista, ni oportunista), de los que han sido partícipes y han sido fundamentales para remover los cimientos de nuestro México de los últimos 50 años. Su trabajo incluye cientos de cuentos, tiras cómicas, guiones de televisión y cine, pero lo que más destaca de él es su sencillez con la que afrenta la vida y algo que es notorio de su obra: la solidez y el conocimiento de sus personajes (reconocimiento público a esto son los múltiples premios que ha recibido, como el Nacional de Novela José Rubén Romero por Los muchachos locos de aquel verano en 1992 o el de 1988 por Hijos del Águila, otorgado precisamente por Pemex en su celebración de los 50 años de la expropiación).
Periodista, traductor, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 1994, Gerardo de la Torre es toda una corporación en el arte de narrar historias, armado permanentemente con una fuerte dosis de humor negro y frases populares (o incluso inventadas) que revientan la solemnidad de cualquier interlocutor. Su personalidad relajada lo delata siempre, a pesar del entorno. Su inventiva literaria transita entre la amargura, la ironía y el humor inteligente como herramientas para verter la verdad y la congruencia e incongruencia en la evolución de sus relatos, acciones individuales y sus personajes verdaderamente empáticos. Desde aquí un homenaje a De la Torre y por supuesto una recomendación final: El guión: modelo para armar. Segunda Edición. México, Ficticia, 2005. 176 pp.
(1). Cuando precisamente Guido Anselmi (el protagonista infinitamente interpretado por el gran Marcello Mastroianni) se urdía antes los ojos de un público que no entendía su motor de vida en dicha historia, ni el montaje que resultaba agobiante entre recuerdos, alucinaciones y el presente de esta narración fílmica.
Imaginen esta escena ocurrida hace un par de semanas. Ocho y medio (Otto e mezzo, 1963) de Fellini en una pequeña tele que observan veinte asistentes a un taller de guión cinematográfico en una casa antigua del centro literario de Aguascalientes. Atentos escuchan la añeja voz de un admirable escritor mexicano que narra la cinta con argumentos que explican la naturaleza del hecho cinematográfico, la concepción estética-política de este director italiano y algunas reflexiones nostálgicas del México de ese entonces, el de principios de los sesentas (1) . Este narrador es oriundo de Oaxaca, con setenta años de letras que lleva acuestas en su rostro moreno de ojos grandes y pelo blanco, el mismo que devela su experiencia literaria y sus noches de parranda con sus camaradas Vicente Leñero, Pedro Armendáriz Jr, su gran amigo Felipe Cazals o su entrañable profesor, el gran Juan José Arreola. A él es a quien dedicamos esta columna, a este personaje que ha vivido entre tinta, cantinas de la Ciudad de México, cine y el oficio de contar historias: Gerardo de la Torre. Lo que pasó en esa sala fue fascinante pero es lo que menos importa contar por ahora.
Hijo de padre petrolero e incluso él mismo obrero de este sector energético en su juventud (factor que lo marcó en cuanto su obra literaria se refiere), este escritor reafirma que el verdadero guionista de cine (o cualquier artista que se precie de serlo) es un ente que viaja constantemente bajo la preocupación de plasmar en su trabajo una reflexión sobre nuestra condición humana y su problemática social de su entorno, sea universal o inmediato, e incluso independiente del género y el tono que utilice en su relato.
Gerardo de la Torre es un verdadero personaje por sí mismo, uno que se recrea y reinventa en cada gesto o frase que lo patenta como alguien admirable y fiel a sus principios y convicciones de auténtica izquierda (no arribista, ni oportunista), de los que han sido partícipes y han sido fundamentales para remover los cimientos de nuestro México de los últimos 50 años. Su trabajo incluye cientos de cuentos, tiras cómicas, guiones de televisión y cine, pero lo que más destaca de él es su sencillez con la que afrenta la vida y algo que es notorio de su obra: la solidez y el conocimiento de sus personajes (reconocimiento público a esto son los múltiples premios que ha recibido, como el Nacional de Novela José Rubén Romero por Los muchachos locos de aquel verano en 1992 o el de 1988 por Hijos del Águila, otorgado precisamente por Pemex en su celebración de los 50 años de la expropiación).
(Gerardo de la Torre, guionista, novelista, etc.)
Periodista, traductor, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 1994, Gerardo de la Torre es toda una corporación en el arte de narrar historias, armado permanentemente con una fuerte dosis de humor negro y frases populares (o incluso inventadas) que revientan la solemnidad de cualquier interlocutor. Su personalidad relajada lo delata siempre, a pesar del entorno. Su inventiva literaria transita entre la amargura, la ironía y el humor inteligente como herramientas para verter la verdad y la congruencia e incongruencia en la evolución de sus relatos, acciones individuales y sus personajes verdaderamente empáticos. Desde aquí un homenaje a De la Torre y por supuesto una recomendación final: El guión: modelo para armar. Segunda Edición. México, Ficticia, 2005. 176 pp.
(1). Cuando precisamente Guido Anselmi (el protagonista infinitamente interpretado por el gran Marcello Mastroianni) se urdía antes los ojos de un público que no entendía su motor de vida en dicha historia, ni el montaje que resultaba agobiante entre recuerdos, alucinaciones y el presente de esta narración fílmica.
Texto publicado el domingo 14 de Septiembre de 2008, en la columna antes semanal (ahora quincenal) de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.
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