miércoles, 2 de julio de 2008

El panda apasionado…

Por: Alberto Zúñiga Rodríguez

La pasión es un tema delicioso e interesante, fácil de detectar en la acción cotidiana de las personas. Es un motor de vida (leit motiv) que empuja y alienta a seguir adelante a pesar de los tropiezos. Cuando se vive intensamente, se desborda por la corteza de la piel en señales de humo que contagian en el ánimo y se vislumbra en la mirada, en las palpitaciones, en el torrente sanguíneo... De verdad, es algo que no muy fácilmente se puede ocultar, independientemente de la actividad que se realice.
Sin embargo esto de la pasión es un tópico que resulta muy extraño en nuestros días y en la forma en que se percibe en una sociedad en tiempos donde la economía y el mercado mundial dictan nuestras conductas diarias. Por ejemplo, por qué algunas publicaciones la asocian al éxito que se traduce en fortuna financiera, un hermoso rostro y una figura escultural (con anorexia y cirugías incluidas), como si estos elementos fueran la condición sine qua non para vivirla… ¿Acaso alguien sin estos atributos no se puede permitir ser un apasionado?
Es curioso también que en su acepción lingüística encontremos algunos atributos contradictorios a lo que el consiente colectivo ha asumido como su significado, por ejemplo, en el diccionario de la Real Academia Española aparece como una: acción de padecer; lo contrario a la acción; estado pasivo en el sujeto; perturbación o afecto desordenado del ánimo; apetito o afición vehemente a algo. Esperemos que en algunos años esta definición no cambie a algo como: “Dícese de una persona bonita, gente bien, con mucho billete y bien buena… Contrario a lo jodido –económicamente hablando-…”.
En el ámbito del cine, a nivel estructural-narrativo, la pasión juega un papel cardinal en el desarrollo de la historia y por supuesto, en sus elementos conductores: los personajes. Incluso, denota las vísceras de quien la escribió, fotografió, actuó y dirigió. Pero aclaremos de una vez, esta pasión de la que hablamos desde esta butaca no necesariamente está vinculada a un estado de ánimo festivo, a ninguna de las condiciones antes referenciadas, sino a un estilo de vida, por supuesto, que va más allá del enamoramiento de una pareja que recién se ha conocido o cualquier otro cliché tipo Rambo.
A propósito de la pasión encarnada en un personaje, bien merece la pena recomendar a un carismático oso panda, de una cinta de animación, que en cada escena demuestra su pasión desmedida por el kung fu y de quien tenemos mucho que aprender sin que él pretenda enseñarnos nada. Po, es el nombre de este animal cinematográfico, protagonista de Kung Fu Panda. Vive en Valle de la Paz, es perezoso, obeso, distraído y su entusiasmo por este arte marcial no embona con su trabajo de cocinero-mesero en un restaurante familiar de tallarines. Sin embargo, y como en casi cualquier cinta animada de nuestros días, Po no sabe que tiene a su cargo una labor de héroe, es más, ni se lo imagina. Así pues, el conflicto de la historia gira entorno al escape que llevará a cabo el leopardo de las nieves Tai Lung, antiguo aprendiz del magnífico maestro Shifu, quien fue aprendido por su conducta antisocial. Según reza la leyenda de la ciudad, para detener a este villano, aparecerá un gran guerrero quien con sus aptitudes de guerrero detendrá el latente mal que atenta contra Valle de la Paz y ni los Cinco Furiosos (Tigresa, Grulla, Mantis, Víbora y Mono) –también alumnos de Shifu- podrán evitarlo.

A pesar de conocer el destino e incluso el desarrollo de Kung Fu Panda, lo que más se disfruta de esta producción es escuchar cada línea que Po emite como una sentencia de filosofía de vida, aunado por supuesto al gran talento de la animación 3D que nos regala escenarios espectaculares, con texturas exquisitas que se fusionan adecuadamente a las emotivas notas de un gran Hans Zimmer (Thelma y Louis, 2003, Hannibal, 2001, Gladiador, 2000 y un largo etcétera ) encargado de la música. Apta para todo público y sin mayor pretensión que una plena diversión, esta es una película para aprender una sencilla y simple lección sobre la pasión de la vida vista desde la comedia o a través de un oso que ama el kung fu y que entrelíneas no deja de preguntarnos por la pasión de cada uno de nosotros.

Pd. Es una lástima que en los créditos finales sólo reconozcan en México el doblaje de Omar Chaparro y Pedro Armendáriz Jr. ¿Y el resto del talento de doblaje eructó sus líneas por obra y gracia del señor dios del cine o ya se generan voces electrónicas?.

Texto publicado el domingo 6 de Junio de 2008, en la columna antes semanal (ahora quincenal) de cine Butaca Sinestésica RKO 281, del suplemento de cultura Letras de Cambio, del periódico Cambio de Michoacán.

No hay comentarios: